martes, 21 de junio de 2016

GUAINIA: PARAÍSO NATURAL EN LOS LLANOS DEL ORINOCO /Luis Mendoza Silva

TINTA Y PAPEL


                                                                                                Según Alejandro de Humboldt -descubridor científico del nuevo mundo- como algunos le llaman, en Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente: “El Orinoco pertenece al número de esos ríos singulares que, después de haber serpenteado hacia el oeste y el norte, acaba por inclinarse de tal modo al este, que su desembocadura se encuentra casi sobre el mismo meridiano que sus fuentes. Desde el Chiguire y el Geheté hasta el Guaviare, el Orinoco corre hacia el este como si fuera a aportar sus aguas al Océano Pacifico. En este trayecto, envía al sur un brazo notable, el Casiquiare, poco conocido en Europa, que se une al Río Negro o, como lo llaman los indígenas, el Guainía: este es el único ejemplo de bifurcación o una ramificación natural, como se prefiera llamarla, de dos grandes cuencas, realizada por entero en el interior de un continente”.
Cuando uno navega remontando el Orinoco, puede observar estas y otras grandes maravillas de la madre natura, como por ejemplo; La Piedra del Cocuy. Más adelante el mismo Humboldt explica: “La naturaleza del suelo y la unión del Guaviare y el Atabapo con el Orinoco hacen que este ultimo se desvíe bruscamente al norte. Por un error geográfico se había tomado desde hace largo tiempo el Guaviare, afluente que proviene del oeste, por el verdadero origen del Orinoco”. He ahí que el experimentado expedicionario da por aclaradas las dudas que pudo haber levantado por 1797, el geógrafo Bauche, sobre este accidente geográfico, descubierto o avistado por Humboldt luego de: “Una ininterrumpida navegación de doscientas treinta millas geográficas al través de una tupida red de corrientes…”, encontrándose a la vez en dicho recorrido, con el enigmático fenómeno de las aguas negras, sobre lo cual expresa con admiración: “El Atabapo, cuyas riberas se encuentran adornadas de Carolíneas y Melastomatáceas arborescentes; el Temi, el Tuamini y el Guainía acarrean aguas color café. A la sombra de bosquecillos de palmeras, este color pasa al negro para entintar…..Las estrellas del sur reflejan su imagen con un brillo singular en estos ríos negros”.
Si, y es que esta travesía se convierte en una espectacular aventura por el corazón de la amazorinoquia, tierra colmada –o herida de de ríos a decir del poeta Eduardo Carranza- donde el hombre aprendió a vivir desde siempre entre unas aguas que forman parte de su propia esencia. Un caminante y cronista de estos ríos Umberto Amaya Luzardo, nos dijo: “Aquí el río es uno más de nosotros y, además es indispensable, pues, de no ser por él, no existiríamos ninguno de los indios que canaleteamos por aquí…”.
En julio 2015, fuimos invitados por la Biblioteca Publica Gabriel García Márquez a través de la Fundación Los Cabresteros, que dirige el músico y folklorologo Joel Silva a la Primera Fiesta Binacional del Libro Colombo venezolano, que se realizó en la pintoresca ciudad de Puerta Inírida, capital del Departamento de Guainía Colombia, donde participamos en varias actividades académicas y sociales, con la intención de promover el libro y la lectura, sobre todo en la población más joven, por ello, durante tres días, realizamos una especie de toma de los colegios más importantes de la ciudad, con charlas, talleres, conferencias y recitales, en los que se involucraron; escritores, poetas, cantantes, artistas, músicos e historiadores y otros especialistas en la matera de ambos países, entre los que podemos mencionar; Germán Pinto Saavedra (lamentablemente fallecido a escasos días de haber retornado de dicho evento), Jesús Pérez Soto, Esnervi Rosales, Jorge Gámez (Flor de Inirida), Rubén Mejía (Curare), Andrea Mejía (Viva Colombia), Jorge Katar, Umberto Amaya Luzardo y el poeta Luis Caroprese Quintero, a quien se le rindió un merecido y honroso reconocimiento, por ser el autor del Himno Oficial del Guainía, obra escrita según él hace más de tres décadas, precisamente en una de sus correrías por estos lares, cuando anduvo por las serranías del Naquén tras el sueños del dorado, como los grandes conquistadores que precedieron a Humboldt.    
En reconocimiento a esta maravillosa región del continente, al afecto demostrado y, a las sonrisas encontradas en Puerto Inírida, esa hermosa ciudad que según la tradición esta sembrada sobre una roca milenaria, donde la hospitalidad y la nobleza es parte de su esencia, escribimos estos veros: GLOSANDO POR EL GUAINIA. I. Guainía refleja en el rio/ la luz de sus manantiales/ y el nativo se solaza/ canaleteando raudales/. Volando viene el cantar/ de los llanos extendidos, / un rumor de mi latidos/ extremecióse en el lar /, y se abrió de par en par/ el corazón del bohío/dándole paso al corrió/ en el arpa de Arichuna/ y unos ojitos de luna/ Guanía refleja en el río /. II. Una canoa muy ligera/ partió con la madrugada/y nos dejó pincelada/ entre la espuma viajera/ una nota lisonjera/ con reflejos matinales/. Flor de Inírida y rosales/ entre exóticos capullos/ adormecían con arrullos/ la luz de los manantiales. / III. El paisaje amazonense/ en su vientre de nodriza/ tiene una ciudad huidiza/ fresquecita y amanuense /. El fragor orinoquense/ y la fuerza de su raza/ fortalecen la coraza/ en sus prismas aurorales/ donde florecen borales/ y el nativo se solaza /. IV. Inirida es una flor/ dice el Himno del Guainía, / y también es poesía/ plasmada en veros de amor. / Inírida es el color/ profundo de sus caudales/ rumor de los aguasales/ donde el indio va cantando/ por rumbos de San Fernando/ canaleteando raudales/.                               
      






*Luis Mendoza Silva
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*Cronista de Boconoito